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Wishy – Nature’s Pill
7.0
Reseña de álbum

Nature’s Pill

por Wishy · 9 de octubre de 2026
Puntuación7.0 / 10

Veredicto final

7.0

Wishy recorta el ruido del debut para poner el gancho en primer plano, con Krauter y Lumsdaine en una producción directa y canciones que miran al rock alternativo de fines de los noventa sin sonar a copia. Lo mejor es la pareja de voces que se pasa las líneas y la ternura sin azúcar de «Lovesick», donde el gancho se apoya en imágenes concretas en vez de explicarlas. Lo que falla es que a veces el estribillo es lo único que hay: «Blitz» deslumbra con el ritmo pero se vacía al quitarle el riff, y un par de cortes del final pesan de más.

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El segundo disco de Wishy cambia la bruma del shoegaze por estribillos directos y voces alternadas, y supera a su debut aunque algunos cortes se queden sin fondo.

Por Abe Saca — 9 de octubre de 2026

Después de Triple Seven (2024) y del EP Planet Popstar del año siguiente, Wishy vuelve con el reflejo exacto de lo que el dúo dijo querer al fundarse en 2021: tocar fuerte y pasarla bien. Kevin Krauter —que venía de Hoops— y Nina Pitchkites afilaron el shoegaze del debut hasta dejarlo al servicio de la melodía, y Nature’s Pill es, en esencia, un disco de estribillos. La coproducción de Krauter con Ben Lumsdaine, que también mezcla, apuesta por lo directo: menos meditación brumosa, más gancho en primer plano. Parte se grabó en directo, y se nota en cómo respiran las interpretaciones.

El primer rasgo que salta es vocal. En «All the Rage», que abre, Krauter y Pitchkites se pasan las líneas como en una carrera de relevos sobre un jangle propulsivo, y ese ida y vuelta —los dos se conocieron en el instituto— vuelve una y otra vez durante el disco. La letra arranca rechazando cualquier obligación doméstica y relata un final de relación donde ya nada de la otra persona importa; el contraste entre la liviandad del arreglo y lo que cuenta es la marca de la casa. Funciona como declaración: aquí la melodía manda, y manda con sentimiento.

Los noventa como vestuario, no como disfraz

Buena parte de Nature’s Pill saquea el rock alternativo de finales de los noventa sin que suene a imitación. «Sensational» empuja hacia el rock radiofónico grande —la línea de guitarra recuerda a «Connection» de Elastica— y lo levanta una batería de corte acid house que lleva la melodía antes de que las guitarras la alcancen; el estribillo está hecho para corearse en grupo. Krauter definió ese groove, con humor críptico, como «breeders etienne». La sinceridad del grupo evita que todo esto caiga en el pastiche: el gesto es excesivo, pero no irónico. En «Covergirl», que lleva Pitchkites sola, el muro de fuzz distorsionado tapa unas melodías soleadas, y «Mona Lisa» baja revoluciones con batería real en lugar de caja de ritmos y un guiño a «Femme Fatale» de Velvet Underground, cerrando en un outro de aire casi himnario.

El disco también se permite la ternura sin reblandecerse. «Lovesick» cruza el dream-pop de los Cocteau Twins con el pop tardío de The Cure, y lleva uno de los ganchos más memorables del álbum sobre una imagen concreta: teñirse el pelo de rosa para un funeral, cantada sin dramatismo. Llega justo después de «Shift», que se disuelve en puro azúcar bailable y termina con el buzón de voz de la abuela de Pitchkites el día de su graduación. Esos detalles domésticos le dan textura a un álbum que, por lo demás, vive de la infatuación: «Kiss Kiss Kiss» pone Auto-Tune sobre un loop de caja de ritmos y repite una fórmula de deseo hasta que suena menos a confesión que a instrucción, y «Freak 99» mete voz hablada, estática de radio y un grito distorsionado de Pitchkites, con cada estribillo cerrando en francés.

Donde el método se queda corto

El problema de perseguir el gancho perfecto es que a veces el gancho es todo lo que hay. «Headscratcher» toca demasiado a lo seguro y sale sin los giros que animan al resto, y «Blitz» divide: su beat motorik y sus guitarras alambradas, cercanas a METZ, impresionan, pero la letra entra en modo positivismo rozando el cliché y, despojada del riff, no tiene mucho debajo. En un disco de doce cortes, un par del tramo final pesan de más. Y «You’re Not Serious», con su melodía poco enfocada, confirma que cuando Wishy suelta el estribillo, el andamiaje se ve.

El cierre corrige el rumbo. «Party World» es el arreglo más quieto e intrincado del álbum, el único con atmósfera nocturna en doce canciones de mañanas soleadas, y la letra imagina escapar a un lugar más allá de las estrellas; Krauter dice de ella que al menos tiene su imaginación y puede invitar a otros a entrar. El disco termina ahí, sin resolver la pregunta sobre si tanto ir y venir del amor es emocionante o agotador.

Nature’s Pill es el paso de Wishy de banda con una buena idea a banda con un repertorio. Las voces alternadas de Krauter y Pitchkites, la factura noventera que no se vuelve disfraz y ganchos como los de «Sensational» y «Lovesick» lo ponen por encima de Triple Seven, incluso cuando el empeño por la melodía deja sin fondo a «Headscratcher» o «Blitz». Suena como un grupo que encontró su forma y la disfruta.

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