
Veredicto final
A un año de Heavy Metal, Winter desmonta aquel folk de cámara y se queda con voz y piano, sin banda ni arreglos donde esconderse. Cuando el barítono se abre contra el piano gana todo: el grito que arranca «Try as I May», la subida casi operística de «Love Takes Miles» y los casi nueve minutos de «$0» hasta declarar que cree en Dios, que sin capas suena a convicción total. El mismo despojamiento deja al aire lo que no alcanza solo: «Nina + Field of Cops» pierde el peso que tenía en estudio y hay tramos donde el piano apenas acompaña en lugar de sostener.
Winter se juega el directo a voz y piano sin banda, y gana: el despojamiento revela un control que antes tapaban los arreglos, aunque algunas canciones pierden peso.
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Por Abe Saca — 9 de octubre de 2026
Un año después de *Heavy Metal*, sin banda que lo cubra
Que Winter encabezara Carnegie Hall en solitario —uno de los más jóvenes en hacerlo desde que Bob Dylan lo hizo en 1963 con 22 años— ya habría sido titular. Lo arriesgado es cómo lo hizo: voz y piano, sin una sola capa más, un año después de que Heavy Metal (2024) construyera su folk de cámara con trompa francesa, guitarras y arreglos que aquí desaparecen. Lo que sobra o falta en ese despojamiento es el disco entero.
El formato empieza a favor desde «It All Fell in the River», que abre el concierto convertida en balada de piano sobre rendirse a la emoción. Pero donde la apuesta se juega de verdad es en «Try as I May»: Winter grita la primera palabra desde un registro de dolor y después canta con tal fuerza que una letra que de otro modo sonaría torpe adquiere urgencia. Alarga las pausas entre frases hasta que el silencio pesa, y ese estirar las sílabas vuelve en «Drinking Age», donde la trompa del original cede su lugar a reverberaciones de piano y a una serie de carreras vocales al final; el silencio se deja reposar antes de esas carreras, y en algún momento el público ríe tras el aplauso. La misma técnica de arrastrar cada final convierte la canción en un noir tempestuoso.
Cuando el barítono se abre y cuando no
Lo mejor del disco pasa cuando Winter deja que la voz se ensanche contra el piano desnudo. En «Love Takes Miles», que en estudio era country alternativo íntimo, el barítono se hincha hasta un registro casi operístico sin perder el carácter esperanzador del original; el vértigo de la canción sobrevive a que le quiten las capas. «The Rolling Stones» traduce la guitarra del original a una melodía de piano que oscila hasta una nota sostenida y después se parte en dos. Y entre las tres inéditas, «Emperor XIII in Shades» avanza con una melodía amplia hacia un final de los que paran la respiración; su alusión a Jesús —que fuera del salón sonaría a chiste críptico— en el piano solo suena a convicción.
Esa es la cuestión con las letras religiosas, recurrentes en Winter, y el formato las decide. «$0» construye durante casi nueve minutos hasta un clímax en el que declara, con sinceridad casi histérica, creer en Dios; el piano sube a destellos agudos y baja a zumbidos oscuros una y otra vez, traduciendo en sonido el miedo a soltar, antes de asentarse y apagarse. Sin banda que module el tono, no hay dónde esconder si eso se dice en serio: se oye como convicción absoluta, y funciona.
El problema es que el mismo despojamiento que revela ese control deja al aire las costuras cuando la canción no basta sola. «Nina + Field of Cops» lo concentra: fue favorita del público, con Winter golpeando una nota repetida durante casi siete minutos en una escalada que termina apoteósica. Pero sin la instrumentación añadida en estudio, según Exclaim!, pierde algo del peso que tenía en la grabación original. Entre «If You Turn Back Now» —inédita y de las más desgarradoras, con la letra retirándose cuando la emoción supera al narrador— y «Cancer of the Skull», donde los riffs cíclicos agobian a propósito, hay tramos donde el piano solo sostiene y tramos donde apenas acompaña.
El cierre reúne «Take It With You» y «Vines», las dos canciones que en su día le consiguieron a Winter su contrato, de modo que el set termina cerrando un arco que es personal y profesional a la vez. La película del concierto lleva la firma de Paul Thomas Anderson, con Benny Safdie como co-director, pero el disco se sostiene sin ella.
Winter sale de Geese —cuyo Getting Killed encabezó listas de fin de año en 2025— y se juega aquí todo a lo contrario de una banda: la voz, el piano y nada más. Gana más de lo que pierde porque ese formato expone un control que en Heavy Metal quedaba tapado por los arreglos, y porque canciones como «Love Takes Miles» y «$0» crecen al desnudarse en vez de encogerse. Lo paga en las que necesitaban la instrumentación que ya no está, «Nina + Field of Cops» a la cabeza, donde el despojamiento deja a la vista lo que antes rellenaba la banda.






