
Veredicto final
Tonra vuelve a Ex:Re con un disco que trabaja el duelo desde la imagen concreta y no desde la confesión, y mejora al debut cuando el ritmo tira hacia donde la letra no quiere ir. «Sleep» monta un bucle casi bailable sobre un sentimiento que se escapa y «Frozen Aisle» arma una crisis entera en un pasillo de congelados, con el cello de Josephine Stephenson acompañando la caída. El cierre, «Healing (Slow)», baja la guardia: se apoya en frases demasiado trilladas sobre el tiempo y el duelo que después de «Wasp» suenan gastadas.
Elena Tonra vuelve ocho años después con un disco de arreglos mínimos sobre la memoria y la pérdida que gana cuando el ritmo contradice a la letra.
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Por Abe Saca — 30 de octubre de 2026
Ocho años para un proyecto que no pensaba volver
Elena Tonra levantó Ex:Re en 2018 para procesar una ruptura, y durante un tiempo pareció que ese debut iba a quedar como pieza única, separado del grueso de su obra en Daughter. Save As, que 4AD publica el 30 de octubre de 2026, nace casi por descarte: Tonra llevó viejos bocetos a Fabian Prynn en 2023 y el proyecto cobró otra vida ahí. Prynn, que ya produjo el primer disco, vuelve a hacerlo y además toca la batería y la percusión; Tonra se encarga de guitarra y sintetizador. Esa plantilla mínima explica por qué las atmósferas del disco suenan más solas que los arreglos de Daughter: aquí hay mucho espacio vacío y poca gente llenándolo.
El hilo que cose las canciones es la memoria —cómo se deshace, qué se pierde cuando pasa el tiempo— y Tonra lo trabaja menos desde la confesión que desde la imagen concreta. En «Sleep» describe el intento repetido de dibujar a alguien hasta que el retrato sin vida le avisa de que el sentimiento ya no está; en «Wasp» descubre que la rabia que le atribuía a un insecto atrapado era la suya, y deja que esa revelación resuene en un arreglo escueto, sin subrayarla. No explica el duelo: lo sitúa en un objeto y deja que el objeto hable.
Cuando el cuerpo de la canción empuja contra la letra
Lo mejor del disco pasa cuando el ritmo contradice lo que dice la voz. «Sleep» es el ejemplo que todos ven: un bucle de guitarra sacado de una demo grabada en un hotel, un bajo que arrastra en los graves y una batería de patrones torcidos que le dan un impulso casi bailable, impropio de una canción que trata de una emoción que se escapa. El título promete quietud y la música hace lo contrario. En «Am I Even Real?» la batería de Prynn funciona como motor desde el primer compás, y Tonra convierte la duda —quiénes somos cuando dejamos de reconocernos dentro de una relación— en un estribillo pegadizo; la agitación de guitarra y bajo, emparentada con lo que hacía en Daughter pero ralentizada, deja a la vista los huecos incómodos.
El otro momento alto es «Frozen Aisle», donde una visita de rutina al supermercado desencadena una crisis sobre el sentido de la vida moderna: máquinas de autopago sin nadie, la incapacidad de decir algo. El cello de Josephine Stephenson acompaña la caída y el piano avanza con una regularidad metódica que empuja a repetir la canción. La voz de Tonra se vuelve brumosa, como observándose desde fuera, y el arreglo —piano, cuerdas, sintetizador, batería de jazz— sugiere todo el rato un gran estallido que nunca llega. Que no llegue es parte del efecto: el tema se queda suspendido en la misma parálisis que describe.
«Save As» estira esa misma idea de retención: bombo, caja y bajo grave rozan el trip-hop mientras Tonra, con la voz inusualmente expuesta, imagina dejar entrar a alguien en apenas dos versos, con voces añadidas que suenan alrededor como instrumentos. «Two Chords» baja a una intimidad de jazz de cámara —caja crujiente, piano sencillo— para hablar de esconderse tras las cortinas y no contestar el teléfono.
El cierre que divide
El riesgo de un disco tan nebuloso es que la bruma se coma la canción, y a ratos pasa. «Language of Love» se apoya en colchones de sintetizador ochentero y en un ambiente onírico que envuelve con elegancia pero dice poco: es atmósfera más que pieza. Y el cierre, «Healing (Slow)», deja la discusión abierta. Trata la muerte de la abuela de Tonra y plantea que la pérdida a veces no esconde un significado más hondo que el paso del tiempo, con la madre como punto de consuelo. La guitarra y el piano acumulan capas y la imagen final de madre e hija de duelo juntas tiene una intimidad en presente que funciona; pero la letra se apoya en frases demasiado transitadas sobre el tiempo y el duelo, y después de la precisión de «Wasp» o «Frozen Aisle» ese lenguaje suena gastado.
Ocho años después del primer Ex:Re, Tonra entrega un disco que confía en el oyente y gana cada vez que la música tira hacia donde la letra no quiere ir: «Sleep» baila sobre un sentimiento que se pierde, «Am I Even Real?» hace pegadiza la duda, «Frozen Aisle» monta una crisis entera en un pasillo de congelados. Ese método —la imagen concreta, el ritmo a contrapelo, el espacio dejado a propósito— es lo que lo levanta sobre el debut, y lo sostiene casi hasta el final, donde un cierre más explícito baja la guardia que el resto mantuvo en alto.






