
Veredicto final
Fat Dog responden a la fama de banda de una sola nota de WOOF con un disco que mete sintetizadores, pista de baile y hasta una balada sin soltar el músculo punk. Lo mejor es cuando el contraste funciona: la calma con guitarra y silbidos de «Snakes» y el cierre soñador de «Aliens» prueban que la banda aguanta sin ir siempre a toda velocidad. Lo que falla es ese mismo método cuando descoloca de más, como en «Go Fuck Urself», donde el gancho se queda plano y sirve más de puente que de canción.
El segundo disco de Fat Dog convierte el agotamiento de la gira en su tema y amplía el punk del debut hacia el baile y las baladas; el salto constante de tono es lo que lo hace crecer y, a ratos, lo que lo frena.
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Por Abe Saca — 2 de octubre de 2026
El cansancio como concepto, no como coartada
El título lo dice casi todo: Cancel Me (I’m Tired) es el segundo disco de Fat Dog y la respuesta directa a lo que WOOF (2024) dejó pendiente. Aquel debut ganó fama por los directos del Brixton Windmill y se llevó la etiqueta de superficial, de una sola nota. El septeto del sur de Londres —del que solo quedan Joe Love, Chris Hughes y el saxofonista Morgan Wallace de la formación de 2022— volvió al estudio nada más bajarse de una gira estadounidense que los dejó molidos, y el agotamiento no es anécdota sino el asunto del disco. Love dijo que durante la grabación dormía unas tres horas por noche y llegó a tener alucinaciones; esa exposición al lado comercial del oficio —la promoción, las redes— alimenta el concepto. En la canción título la letra ironiza, según el propio Love, con la idea de dejar que una IA escriba el éxito. El cansancio aquí es tema y chiste a la vez.
Oli Bayston (Kelly Lee Owens, Alexis Taylor) coproduce con Love, donde antes estuvieron James Ford y Dan Carey, y la paleta se abre hacia el sintetizador y la pista de baile sin apagar el músculo punk. «Smile and Wave» abre de golpe, sin introducción, con punk industrial frenético: guitarras de peso conviven con teclados góticos y la voz de Love casi grita sobre una mezcla de miedo y afecto, repitiendo el contraste entre ir hacia adelante y hacia atrás como mantra. Es la apertura más agresiva del disco, y la letra ya alude, irónica, a las presiones de la gira. «Go Fuck Urself» divide: es pop de sintetizador saltarín con destellos de disco sobre el impulso de huir de la propia mala imagen, pero el gancho se queda plano frente al resto. El tema funciona mejor como transición que como pieza, y empalma directo con la canción título.
El contraste como método
Lo que distingue a Cancel Me de WOOF es el uso deliberado del salto de tempo y de tono. El disco alterna energía brutal con intimidad, y a veces el cambio descoloca a propósito. «Shit Love» apila riffs de techno al estilo Prodigy y un nu-rave frenético sobre una letra que gira en un ciclo destructivo de pareja, y suelta un guiño a «Manic Monday» antes de que termine la fiesta. «Heart of Darkness» desvía hacia teclados ochenteros y ritmos de baile con intención de desorientar, y deja que la bravuconería ceda a algo más expuesto; la letra se permite hasta una referencia a Shrek 5. «Call It What You Want» recurre a sintetizadores descendentes de darkwave y adopta un tono más empático que combativo, tratando el miedo a heredar los defectos del carácter de los padres, y sirve de contraste justo antes de «Snakes».
El giro más limpio llega en «Snakes», que arranca con guitarra desnuda y silbidos, cadencia de country torcido y un aire a Shane MacGowan, y alude al reciente matrimonio de Love en Las Vegas. Es el momento más tranquilo y personal, y demuestra que la banda sostiene una balada sin apoyarse en la fuerza bruta. Luego «Bad Dog» retoma el caos klezmer del debut con la voz de Love ladrando la frase de identidad canina como mantra, a un tempo que no da tregua —ya suena como pieza fija del directo—. Y el cierre, «Aliens», se va por la vereda contraria: psicodelia onírica con saxo sensual de Wallace, un fraseo vocal cercano a Pulp y arreglos de pop barroco, con la letra dejándose afectar por la luz del sol. Terminar con ternura, no con furia, es la mayor diferencia respecto a lo que la banda prometía.
Donde el disco se tensa es en esa misma apuesta por el contraste: cuando el salto funciona —de «Bad Dog» a «Aliens», de la apertura agotada a las texturas de disco de la titular— la banda crece a ojos vista. Cuando no, como en el gancho discutible de «Go Fuck Urself» o en algún empalme que descoloca más de lo que aporta, el método se come la canción.
Frente a WOOF, este segundo disco responde a quienes lo tacharon de una sola nota: amplía el registro pop y emocional —la balada country de «Snakes», el cierre barroco de «Aliens», los momentos más expuestos de «Heart of Darkness»— sin soltar la energía punk que define el directo. El precio es que esa ambición de contraste no siempre aterriza, y algún corte se sostiene más por la idea que por lo que tiene que decir.






