
Veredicto final
Seis años después el trío arma 31 pistas en menos de 52 minutos a partir de comerciales viejos, consumismo y nostalgia por lo desechable. Lo mejor pasa cuando dejan el collage y terminan una canción de verdad: «Can't Get Over Losing You» convierte unos samples de soul en pop bailable y desesperado, y «Blue Shadows» deja que Karen O conduzca una melancolía luminosa. El fallo está en los interludios que imitan cortes de televisión: más de una vez un anuncio interrumpe una pieza justo antes de que despegue, y el formato tan coherente sobre el papel le quita aire a tramos que habrían respirado mejor sin cortes.
El trío australiano hace pop con retazos de internet y anuncios viejos, con grandes canciones a las que los interludios publicitarios les quitan filo.
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Por Abe Saca — 16 de octubre de 2026
31 canciones, menos de 52 minutos: un disco hecho de cortes publicitarios
El cuarto disco de The Avalanches llega seis años después de We Will Always Love You (2020) y cambia de método casi por obligación. Ahora son trío —Robbie Chater y Tony Di Blasi, con Andy Szekeres como miembro oficial desde este año— y el método ya no es el de su debut Since I Left You (2000), que armaron con unos 3.500 samples de vinilos que tardaron años en acumular y que casi impiden su distribución fuera de Australia por líos de derechos. Para No Bad Memories ya no hay vinilos: vendieron su colección de 15.000 discos en 2020 y aquí samplean sobre todo de internet. Chater y Di Blasi lo explicaron sin adornos: los catálogos clásicos han sido comprados como inversión y samplearlos se ha vuelto caro y complicado. De ahí que el material venga de otro lado —jingles, anuncios, retazos de medios viejos— y que el disco entero gire alrededor de la publicidad, el consumismo y la nostalgia por la cultura de usar y tirar.
Esa decisión marca la forma. Son 31 pistas en menos de 52 minutos: el disco más poblado y a la vez más corto de su catálogo, armado con interludios breves que imitan cortes de televisión. «Break Out Corporate Tag» esconde el anuncio de Neutrogena con Emma Roberts ligeramente bajado de tono; «Superfun!™ TV Spot» pone a Mike Patton y Haley Joel Osment a narrar un comercial falso de videojuego. El concepto se sostiene solo, pero el precio se paga en el flujo: «Total Recall» levanta una oleada de sintetizadores que avanza hacia algo grande y un anuncio la interrumpe antes del punto máximo. Ocurre más de una vez, y es el defecto que más pesa.
Cuando el sample se vuelve canción
Lo mejor pasa cuando Chater y Di Blasi dejan de hacer collage de anuncios y terminan una canción. «Can’t Get Over Losing You», con Portraits Of Tracy, parte de samples de soul y los hace crecer hasta una pieza de baile completa: voz directa y desesperada sobre un beat rápido, sad-pop bailable al estilo Robyn, con una letra sobre vínculos que se deshacen que va más lejos que el promedio del género. «Blue Shadows» tira por el lado opuesto —melancolía luminosa, pop vintage— y deja que la voz entrecortada de Karen O conduzca el zumbido triste de abajo. Las dos salieron como adelanto y las dos justifican el adelanto.
En el registro psicodélico está «All The Time In The World», con Rivers Cuomo —que ya había aparecido en el disco anterior—, Vegyn y Baby Marlboro: distensión nebulosa con aire de dream pop, como si Weezer hubiera derivado hacia ahí. «Highfield» encaja la voz arrulladora de Panda Bear en un ritmo pesado y mareante lleno de sonidos difíciles de ubicar. Y aparecen los aciertos cortos: «Under Yr Power» y «Magic Wand» sacan partido de su brevedad, convirtiendo soul viejo en estallidos eufóricos y funky sin estirar la idea. «One More Fantasy» toma un sample de Carly Simon y le aplica un tratamiento hyperpop de esta década; es la nostalgia del disco destilada, una balada de amor setentera que da pena cuando termina.
El collage que a ratos tapa las canciones
El problema no es el exceso de ambición sino la distribución del ruido. «Like Clockwork / Hit By Traffic» mezcla Jersey club con graznido de cuervos y suena a shitpost de TikTok hecho canción —y aun así funciona, lo cual dice algo del oído del grupo—, pero contra eso están los comerciales falsos que cortan el aire cuando una pieza estaba por despegar. «Superfun!™ TV Spot» es el caso más forzado: la extravagancia de Patton y Osment se queda en gesto. El disco tiene canciones de sobra para brillar entero, y la lógica del formato publicitario, tan coherente sobre el papel, es la que le quita filo a tramos que habrían respirado mejor sin interrupción.
Más audaz y más gratificante que Wildflower (2016), con «Can’t Get Over Losing You» y «Blue Shadows» entre lo mejor que han firmado, No Bad Memories confirma que el grupo sigue sabiendo hacer pop con retazos aun sin su colección de vinilos. Lo que le sobra es la mitad de los interludios: recortados, dejarían respirar a las canciones que de verdad sostienen el disco en vez de cortarlas antes de tiempo.






