
Cannonball
Veredicto final
El debut de los londinenses Man/Woman/Chainsaw entra con una de las mejores aperturas del año y despliega un arsenal enorme: violines contra distorsión, tres voces, baladas y monstruos de acordes de potencia. Sin catálogo previo contra el cual medirlo, este primer disco fija su marca en el choque frontal de Only Girl y Canyons, donde la ambición se vuelve argumento. El problema es que sus dos mitades casi no se tocan, y la balada más hermosa termina flotando sin puente hacia el resto. Un arranque cargado de ideas al que le falta un centro.
Cannonball no falla por hacer poco, sino por querer ser dos discos a la vez y no elegir cuál termina.
Por Abe Saca — 29 de agosto de 2026
El debut reparte las voces entre Vera Leppänen, Billy Ward y Avery
«Cannonball» es el debut de Man/Woman/Chainsaw, editado por Fiction en 2026, y hace algo raro: mete en el mismo disco la balada más dulce y la canción más pesada sin que ninguna gane; obtiene 7.5 puntos en una escala de diez. La afirmación no es obvia porque la primera reacción ante un debut tan cargado de ideas es aplaudir la ambición y seguir de largo. La banda llega con voces repartidas entre tres integrantes y un arsenal que va del violín a los acordes de potencia, y casi todos leen eso como virtud. Vera Leppänen dijo en una entrevista con Far Out que las canciones de rock se tratan de la sensación del momento, y ese principio explica tanto los aciertos como el límite: cuando una banda persigue cada tema por separado, el conjunto se vuelve una discusión que ninguna canción cierra.
El latigazo de caja de Only Girl abre una de las mejores entradas del año
El disco arranca con una de las mejores entradas del año: el latigazo de la caja de «Only Girl» dispara guitarras de shoegaze y una sección de violín que no acompaña sino que empuja. Ese es el modo que la banda maneja mejor, el del choque frontal entre cuerdas y distorsión, y lo repite con distintas dosis a lo largo del disco. En «Canyons» el arranque es una balada de aire soul que termina desarmándose: guitarras y cuerdas se pelean entre sí hasta volverse ruido, y el tránsito de un extremo al otro es el gesto que mejor define de qué es capaz el grupo.
El problema es que ese mismo arsenal, tan efectivo cuando choca, se dispersa cuando la banda quiere ser dulce. «Lighter» pone a Avery al frente en una balada que suena limpia y luminosa, muy lejos del caos de la primera mitad. La distancia entre ese registro y el de «Goddamn, Lizard Man!» —Billy Ward gritando sobre acordes de potencia y teclados que imitan los riffs— es tan grande que las canciones parecen sacadas de dos bandas distintas. Con tres voces al frente, el disco tiene los recursos para sostener ese abanico, pero rara vez encuentra un puente entre sus dos mitades: pasa de largo cuando debería enlazar.
La rabia de Still Angry se declara más de lo que se descarga
Leppänen admitió a Far Out que hablar de música siempre le suena pretencioso, y esa incomodidad se traslada a la escritura: las letras esquivan la solemnidad y se apoyan en imágenes rápidas, casi lanzadas al aire. Es coherente con la idea de perseguir la sensación del momento antes que la declaración. Cuando funciona, la escritura acompaña el desorden del sonido en lugar de ordenarlo.
El eje emocional del disco es la rabia, pero una rabia que no termina de estallar. «Still Angry» repite en su estribillo que la voz llama un nombre y sigue furiosa, y ese es el estado que atraviesa buena parte del álbum: una furia que se declara más de lo que se descarga. El contraste con las baladas debería producir tensión, pero como las dos zonas casi no se tocan, la rabia queda encapsulada en unas canciones y la ternura en otras, sin que ninguna contamine a la vecina.
Canciones clave
«Only Girl» — Prueba lo que la banda hace mejor. La caja abre como un disparo y todo lo que sigue —guitarras, violín, un estribillo que se niega a tararearse— entra en el mismo empujón. Es la mejor defensa del método del choque frontal, y el resto del disco se mide contra este arranque sin volver a alcanzarlo del todo.
«Canyons» — Es el tránsito hecho canción: empieza como balada de aire soul y termina en un enredo donde cuerdas y guitarras se combaten. Demuestra que la banda sabe pasar de la calma al caos dentro de un mismo tema, algo que el disco casi nunca logra a escala completa. Cuando la transformación ocurre acá dentro, la ambición se vuelve argumento en lugar de catálogo.
«Lighter» — El otro extremo. Con Avery al frente, es una balada luminosa que suena hermosa por sí sola y, al mismo tiempo, expone el problema del conjunto. Es tan distinta de lo que la rodea que no dialoga con nada: no golpea porque no quiere, pero tampoco tiende un puente hacia las canciones pesadas. Su acierto aislado es la mejor evidencia de la falta de un centro.
Las dos mitades del álbum rara vez se miran entre sí
Man/Woman/Chainsaw llega con más ideas que las que un debut suele animarse a poner en juego, y las mejores —el choque de cuerdas y distorsión en «Only Girl», la mutación de «Canyons»— justifican el ruido que rodea a la banda. El disco no falla por timidez sino por generosidad: quiere ser el monstruo pesado y la balada luminosa en la misma escucha.
El costo es que «Lighter», con toda su belleza, se queda flotando lejos del resto, y las dos mitades del álbum rara vez se miran. Falta el puente que convierta la ambición en un solo relato. Es un debut para quien disfrute de una banda pensando en voz alta, todavía sin decidir cuál de sus dos caras es la que quiere mostrar.
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