
Veredicto final
Jungle no reinventa lo que consiguió con Volcano, y a quien esperaba un salto le va a sobrar comodidad: el tempo medio se estira y el balanceo veraniego pierde impulso demasiado pronto. Lo que sostiene el conjunto es la voz de Lydia Kitto, ahora columna del grupo y no invitada, que ordena las canciones lentas y el cierre acústico. Un disco que se mueve poco, pero que cambió de eje sin hacer ruido.
Donde varios oyen a Jungle repitiendo la fórmula de Volcano, aquí manda otra cosa: la voz de Kitto sostiene el disco entero.
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Por Abe Saca — 12 de septiembre de 2026
Lydia Kitto entra como miembro fijo de Jungle y ordena la identidad vocal del disco
«Sunshine», de Jungle, editado por Caiola Records en 2026, ordena su ritmo alrededor de una voz que antes era invitada y obtiene 8 puntos en una escala de diez. El punto de partida es incómodo: el álbum anterior llevó a la banda de favorita de festivales a cabeza de cartel de recintos grandes, con un sencillo que quedó entre las canciones británicas de la década. Después de eso, quedarse quieto es un riesgo tan grande como moverse. El grupo elige la primera opción y la carga sobre Lydia Kitto, que en 2023 pasó de colaboradora a miembro fijo. La apuesta no es sonar distinto, sino sostenerse en otro eje. Ahí se juega si esto es una repetición o un traspaso de mando que no se anuncia con estridencia.
El balanceo de tempo medio de la apertura se instala y ya no abandona el álbum
El disco arranca con un gesto retro que después no suelta. «Come Back to Me» abre con percusión de latin y afrobeat, bajo dub y armonías al estilo Temptations, y deja que las voces entren tarde para fijar el tono. Esa demora es una decisión: primero el ritmo, después la voz. El problema aparece cuando ese balanceo de tempo medio se instala en «Where Are You Now?» y ya no se va del álbum. Lo que en la apertura es carácter, hacia el final es una gravedad de la que cuesta salir.
La banda trabaja con sintetizadores cálidos, líneas de bajo elásticas y coros brillantes superpuestos, y eso es lo mejor y también su límite. «Move Like You Do» monta una línea de bajo que tira del cuerpo hacia la pista, con las voces de Kitto fundidas en la mezcla; es baile bien aceitado. Pero usa falsetes y voces recortadas sin variar lo suficiente su forma, y el mismo repertorio de recursos reaparece en «Sunshine», cuyas teclas casi de ocho bits se acumulan sobre un balanceo veraniego que se queda plano antes de resolver.
Cuando el álbum abandona ese eje aparecen sus mejores minutos. «Natural» baja las luces hacia un neo-soul sensual con una guitarra que sostiene el estribillo, y «Heavy on My Soul» deja una guitarra clásica con el tono bajado como ancla antes de abrirse en cuerdas medidas. Es el único giro acústico, y llega justo cuando uno ya extrañaba una superficie distinta.
El cierre acústico deja caer la superficie soleada hacia algo más realista
La escritura busca un optimismo que no niega la dificultad. «The Wave» apoya un estribillo sobre mantenerse firme en ritmos brasileños de los sesenta y setenta, y ese mensaje de aguantar juntos suena ganado, no decorativo. «Someday, Somewhere» imagina un lugar mejor con steelpans, palmas y un coro ventoso, y consigue que la promesa de armonía colectiva conviva con un peso confesional en la letra.
El costado amoroso es donde el disco corre menos riesgos. «Come Back to Me» gira sobre la parálisis de decidir tras mucho tiempo separados, y «Carry On», el sencillo principal, es una canción de ruptura con las voces multipista de Kitto suspirando detrás de un lamento de corazón roto. Apuntan a la radio, y ahí se nota la comodidad.
El cambio real ocurre al final. «Reflection» se vuelve sombría e introspectiva y deja que la naturaleza feel-good ceda ante algo más realista. Que el disco necesite llegar tan lejos para admitir la sombra dice cuánto tiempo estuvo evitándola.
Canciones clave
«Come Back to Me» — La apertura despliega percusión de latin y afrobeat sobre bajo dub y batería de balanceo analógico, con armonías al estilo Temptations. La banda hace entrar las voces tarde, a propósito, para que el ritmo fije el tono antes de que llegue la historia de una decisión difícil. Es la mejor síntesis de lo que el disco sabe hacer: acumular elementos sueltos hasta que cohesionan. El álbum no vuelve a esta intensidad rítmica, y esa ausencia pesa sobre el resto.
«Natural» — En la segunda mitad, cuando el álbum ya cansó de su balanceo de tempo medio, esta canción vira hacia un neo-soul elegante y sensual de luces bajas. La guitarra es notable y el estribillo es un gancho carismático, mientras una producción despojada recupera algo del misterio del debut de 2014. La voz de Kitto rinde más cuando la mezcla se abre y la deja sola. Dura poco, y esa brevedad juega en contra.
«Heavy on My Soul» — El cierre es el único giro acústico: seis cuerdas con el tono bajado como ancla, coro sobrio y un arreglo de cuerdas exuberante pero contenido. Kitto tiene su último momento de brillo en un acercamiento cercano, y la letra transforma un peso en algo que sostiene en vez de hundir. La banda insinúa acá un futuro donde podría arriesgarse más. Que ese futuro solo asome en los tres minutos finales dice mucho.
La fórmula de Volcano se repite, pero el mando pasó a otra voz
Sunshine no reordena el mapa que dejó el álbum anterior, y quien buscaba una sacudida va a salir con las manos vacías. El balanceo de tempo medio se estira demasiado y «Sunshine» pierde impulso justo cuando debería crecer, con sus sintetizadores acumulándose sin destino. Ahí la fórmula pesa.
Pero hay algo que la nota media de la crítica no terminó de valorar: con Kitto como integrante fija, la voz deja de ser un adorno y pasa a ser el eje que sostiene «Natural», «Carry On» y el cierre acústico. Esa reorganización interna cambia más de lo que un tracklist previsible deja ver. El disco no se atreve a más, y sin embargo encontró, casi sin decirlo, otra manera de estar de pie.
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