Saltar al contenido
Suscríbete
AHORA
Julia Holter – Materia
8.0
Reseña de álbum

Materia

por Julia Holter · 21 de agosto de 2026
Puntuación8.0 / 10

Veredicto final

8.0

Concebido como compañero de sobras de su álbum anterior, Holter arma con esos restos un objeto que se sostiene por lógica propia y no por asociación. Administra sus densidades y vaciamientos con un oído para la textura que no cambia según la duración de la pieza. El límite aparece cuando la economía se vuelve esquema y una ralentización pierde pulso. Aun así, la deja parada más cerca de sus discos plenos que de la nota al pie que sugería su origen.

  • User Ratings (0 Votes) 0

Un disco de sobras que suena a decisión, no a resto: donde la crítica vio un margen agradable, hay una construcción que se sostiene sola.

Lee también: → Hub Julia Holter

Por Abe Saca — 12 de septiembre de 2026

Un disco armado con material rescatado de las sesiones de Something in the Room She Moves

«Materia» de Julia Holter, editado por Domino en 2026, ordena sus descartes con más precisión que muchos discos pensados como discos y obtiene 8 puntos en una escala de diez. El punto de partida invitaba a la desconfianza: material rescatado de la sala de montaje de Something in the Room She Moves (2024), pistas que no entraron en su lugar. Holter llegó a ese álbum tras el hiato entre Aviary (2018) y aquel disco de confinamiento y maternidad, y armar un compañero con las sobras podía ser una nota al pie. La influencia de Hildegard von Bingen, que Holter cita desde los sonidos cósmicos hasta la composición, tira en otra dirección: la de un objeto que se piensa entero. Lo que estaba en juego era si esas piezas sueltas guardaban una lógica común o solo compartían fecha de grabación.

El bajo fretless de Devra Hoff sostiene las densidades y vaciamientos de cada pieza

El disco abre con «The Laugh Is in the Eyes» sobre un compás de 5/8 que oscila sin cerrarse: clarinetes de superficie tersa y sintetizadores encima, y una flauta que irrumpe a mitad para coser la primera parte desarticulada con una segunda melódica. Ahí queda planteada la mecánica de casi todo el disco: sonidos que se apilan como sedimento, un vaciamiento central y una vuelta a la saturación. La voz se diluye en reverberación antes de que la canción retroceda de golpe y deje a Holter casi sola.

El bajo fretless de Hoff funciona como columna en todo el álbum. En «My Lost One» queda filtrado entre una cuerda frotada y algo que se derrite, y la percusión evoca el pop barroco de los sesenta; la canción acumula peso, lo deja caer y termina en un acelerón desestabilizador. Esa capacidad de crecer y encoger sin perder el pulso separa a Holter del ambiente decorativo.

La coproducción de Gilmore mantiene legible cada decisión aun cuando la densidad aprieta. «Fantasy» alcanza un centro abarrotado y después Holter retira piezas del arreglo una a una, con la electrónica ambiental cediendo a saxofones y bajo desincronizados. El contraste con «Clepsydra», dos minutos con vocales procesadas y mellotrón MIDI, muestra el mismo oído para la textura en formato mínimo. El límite aparece cuando esa economía se vuelve esquema: «Clepsydra» se agota antes de abrirse.

Dos reescrituras de «Materia» anudan espíritu, cuerpo, amor y memoria

Holter describió «My Lost One» como un cuento de brujas sacado de libros infantiles con rimas inquietantes, árboles creciendo en salones y animales vestidos. Esa extrañeza doméstica atraviesa el disco: la escritura toca lo cotidiano y lo tuerce hasta que resulta ajeno, y la voz acompaña el giro alternando staccato ascendente y susurros muy cercanos al oído.

Las dos reelaboraciones de «Materia» reparten el peso conceptual. «Materia 2» entrelaza la voz de Holter con la de Jessika Kenney sobre clarinete, caja de ritmos escueta y armónicos de bajo fretless, y las letras reformuladas anudan espíritu, cuerpo, amor y sangre. «Materia 3» cierra desplazando el original hacia abajo, con la voz corregida de tono sobre un Wurlitzer cálido, y reflexiona sobre lo que el amor le hace a la memoria: sus huecos conspicuos suenan a recuerdos a medio recuperar. «My Twin» lleva ese vínculo al terreno personal, con una percusión afinada que evoca exploración infantil mientras Holter dialoga consigo misma en algo que se lee como amor hacia su hija.

Canciones clave

«My Twin» — Diez minutos que empiezan en un mínimo fantasmal de teclados salpicados y armónicos difusos y se solidifican en una balada jazzística. El mayor crescendo llega tarde, se sostiene apenas y se drena de a poco hasta una melodía de caja de música que remite al inicio. Es donde la crítica se parte: para algunos la estructura se pierde por el camino. Escuchada como improvisación en tiempo real, esa deriva es el asunto y no el defecto.

«Fantasy» — Se despliega como un sueño al despertar con teclados luminosos guiados por la voz, hasta un centro abarrotado que Holter deshace quitando piezas del arreglo una por una. El corte a mitad, cuando la electrónica ambiental deja paso a saxofones y bajo desincronizados, genera sensación de tránsito. Referentes de synth pop de galería como Eno o Sakamoto asoman sin volverse cita. La pieza más bailable del disco es también la más controlada.

«Materia 2» — La reescritura más ambiciosa del disco: crece desde acordes aislados y frases vocales dispersas hasta un mundo suspendido donde clarinete y teclados recorren líneas improvisadas sobre un pulso de caja de ritmos. El bajo fretless de Hoff se estira debajo y la voz de Holter flota junto a la de Kenney. Reimagina el original casi irreconociblemente y suena más propulsiva que él, con el aire de Rock Bottom de Robert Wyatt.

Los diez minutos de «My Twin» dividen a la crítica entre deriva y genialidad

La distancia con el promedio de la crítica no está en un dato que ellos no oyeron, sino en cómo se pesa lo mismo. Donde varios leyeron un apéndice agradable, un adendo sin el salto esperado, hay un disco que administra sus vaciamientos y saturaciones con una coherencia que no depende del álbum madre. El oído para la textura de Holter no cambia de escala entre «Materia 2», que arma un mundo, y «Clepsydra», que se despacha en dos minutos.

El reparo igual existe, y cae del lado de la economía. «Materia 3» ralentiza tanto una canción ya pausada que por momentos se queda sin pulso. Es el costo de un disco hecho de restos: cuando mira hacia abajo, a veces no encuentra dónde apoyarse.

Lee también en Indietheka

La nota de los lectores Sé el primero en votar

LO MEJOR DE LA SEMANA, A TU CORREO

Notas como esta, cada semana. Sin spam.

SIGUE LA SEÑAL