
Veredicto final
Casi treinta años después de empezar, Arab Strap se niega a ser una banda de museo y lo consigue: hay baile, horror, humor seco y un filo político que la mayoría de sus contemporáneos perdió hace rato. El compromiso entre las visiones de sus dos autores rinde más de lo que promete. Lo que sobra es duración: catorce canciones que se repiten en energía terminan cansando lo que deslumbra al principio. Los deja vivos y peleando, pero con tijera pendiente.
Un disco largo y generoso que gana cuando se atreve al baile y al horror, y se cansa cuando estira sus catorce cortes hasta la hora.
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Por Abe Saca — 12 de septiembre de 2026
Middleton lo llamó un disco que ninguno de los dos habría hecho solo, un pacto en el medio de dos visiones
«Half-Told Tales», el nuevo álbum de Arab Strap, editado por Rock Action Records en 2026, empuja a Moffat y Middleton hacia el ritmo de baile y el saxofón sin abandonar sus monólogos sombríos, y obtiene 7.5 puntos en una escala de diez. Middleton contó a The Herald que este no es el disco que él habría hecho ni el que creía que quería Moffat, sino algo en el medio, un pacto entre dos cabezas que tiran para lados distintos. Ese pacto es su motor y también su costo. Casi treinta años después del primer single, Moffat y Middleton se niegan a ser una banda de repertorio: llegan con catorce canciones y la intención declarada de vaciar todo lo acumulado. La cuestión es si un disco de esa extensión, cargado de aciertos, sabe cuándo terminar.
El saxofón cambia de función entre canciones: ráfaga agresiva en «I Get Noise», introducción cálida en «Be a Man»
El saxofón hace de columna. En «I Get Noise» entra como una ráfaga junto a metales y guitarras en ebullición, un bombardeo de jazz-rock que Moffat usa de caja de resonancia para sus quejas contra la avalancha digital. En «Be a Man» ese mismo saxo cambia de función y sirve de introducción cálida a una pieza de piano sobre la paternidad. Lo que en el arranque golpea, más adelante abraza.
Paul Savage deja que los géneros choquen sin limarlos. «You You You» monta un arpegio de sintetizador ochentoso sobre una caja de ritmos precisa y un bajo con distorsión que ellos mismos bautizaron disco-metal, y termina reventando en un arranque de thrash. «Glamour Magick» apunta al post-punk en escala de grises, con una estrofa de piano golpeante. «Dollar Park» mete corridas veloces de saxofón contra guitarras rocosas que ganan la batalla en la mezcla.
El problema aparece en la acumulación. Cuando «Basic Physics» repite la energía de estadio que «Fighting For You» ya había clavado con percusión marcial y guitarra acústica combativa, el disco empieza a rimar consigo mismo. La pieza de palabra hablada «Mr. Splitfoot», con su piano y su voz sin canto, funciona pero suena a material que Moffat podría haber guardado para un disco en solitario.
Moffat dice que cada canción esconde algo sobre el tiempo, desde la casa vendida hasta los ciclos de un petirrojo
Moffat señaló que cada canción contiene algo sobre el tiempo. La idea aguanta el peso porque no se predica: se encarna en escenas concretas. «Under Offer», la pista más corta, es un padre que le describe a su hijo la vieja casa familiar ahora en venta, con los dibujos de monstruos que los chicos hicieron todavía ocultos bajo el papel pintado nuevo. La enumeración de reformas sin gusto duele más que cualquier lamento abstracto.
El humor seco es la otra herramienta. «Be a Man» pone a un padre preguntándole al hijo si conoce al gurú del Manosfera, y la respuesta del chico afloja la tensión de golpe. «Fighting For You», inspirada en la novela Universality de Natasha Brown, mete a los patriotas de muro de pago que hablan desde piscinas en España. Cuando el disco baja las revoluciones, en «Beats Per Minute», Moffat enumera los ciclos vitales de un petirrojo y una medusa y acepta que todo pasa, un cierre agridulce que le da forma a la hora anterior.
Canciones clave
«You You You» — El corazón contradictorio del disco. Un arpegio synthwave rápido y un ritmo bailable sostienen una letra sobre el deterioro físico de la mediana edad y el miedo por los hijos en un mundo convulso. La guitarra de Middleton crece hasta un crescendo y el final se rompe en thrash old-school. Suena a un cruce entre recital de poesía y banda sonora de discoteca, y es donde el pacto entre las dos visiones rinde de verdad, sin que ninguna gane.
«Under Offer» — Un eco lejano de piano y suaves filtraciones electrónicas acompañan un relato hablado sobre la casa familiar vendida a nuevos dueños de mal gusto. Es la pieza más corta y la más devastadora: la lista de reformas y el detalle de los dibujos infantiles bajo el empapelado hacen el trabajo emocional sin subir la voz. Acá el disco entiende que un susurro pesa más que un himno, algo que sus catorce cortes no siempre recuerdan.
«Beats Per Minute» — El cierre lento sobre el tiempo como tema central. Moffat canta sobre las pastillas de la mañana y enumera datos aparentemente rutinarios —la vida de un efímero, la luz lunar, el deterioro muscular— que conecta con sentimientos agridulces hacia su familia. Su extensión larga culmina el álbum exuberante con un dolor agridulce en vez de una moraleja. Es la mejor defensa del disco frente a su propio cansancio: la duración, acá, es el punto.
Catorce canciones que se pisan en energía vuelven fatiga la generosidad hacia el tramo final
Buena parte de lo que la crítica celebra está justificado. El giro hacia el baile en «You You You», la crudeza de «Gape» con su historia susurrada a medias sobre la disolución del cuerpo, la escala enorme de «Ampersand» retratando a dos personas que se despiden a insultos: todo eso muestra a Moffat y Middleton afilados y curiosos a casi treinta años del primer single.
Donde oímos menos es en la aritmética. Moffat contó que compuso tirando todo a la vez, y se nota: catorce canciones que se pisan en energía y factura convierten la generosidad en fatiga hacia el tramo final, con «Fragments» y sus murmullos apagados sobre un ritmo básico de Casio pidiendo un recorte que nunca llega. No es un disco menor. Es un disco excelente escondido dentro de uno demasiado largo, y esa hora completa es la que separa un ocho de un siete y medio.






