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Imperial Teen – All Over You
7.5
Reseña de álbum

All Over You

por Imperial Teen · 18 de octubre de 2026
Puntuación7.5 / 10

Veredicto final

7.5

Séptimo disco de Imperial Teen, grabado a distancia por los cuatro miembros y producido por ellos mismos, que suena más unido de lo que su historia haría pensar. Lo mejor son las armonías cruzadas de voces y los riffs de guitarra ácida que recuerdan a The Jesus and Mary Chain, además de un cierre, «Bringing It Down», que baja el tempo y sube la distorsión para rematar las mejores melodías del disco. Lo que falla es la insistencia en la propia receta: «Kiss It Goodbye» repite el molde de la apertura y «Have a Shout» da vueltas sobre un gancho que no pedía tanto.

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Treinta años después del debut, Imperial Teen siguen sin escribir una mala canción pop, aunque la fórmula eficaz a veces se reconoce demasiado a sí misma.

Por Abe Saca — 18 de octubre de 2026

Treinta años después, los cuatro siguen sin escribir una mala canción

Hacer las cuentas da vértigo: «Seasick» salió en 1996, y «All Over You» es el séptimo disco de estudio de Imperial Teen tres décadas más tarde, siete años después de «Now We Are Timeless». La banda de Roddy Bottum, que todavía tocaba en Faith No More cuando salió el debut, llega aquí dispersa por el mapa —los cuatro miembros viven en ciudades distintas, y el disco se grabó en fragmentos por esa razón—, lo que hace más notable que suene tan cohesionado. No hay productor externo: la banda se produjo a sí misma, con Ryan Conway y Nels Jensen a la grabación y la ingeniería. Los cuatro cantan, con Bottum y Schwartz compartiendo guitarras y teclados, Stebbins al bajo y Truell a la batería, y las armonías cruzadas de voces masculinas y femeninas siguen siendo la huella que los distingue.

«Overdrive» abre con la fórmula que la banda mejor conoce y que vuelve a dar en el blanco: un riff de guitarra repetitivo, batería ajustada y un estribillo coral que se pega de inmediato. Lo interesante es lo que pasa debajo: entran unos sintetizadores con sabor ochentero poco después del inicio que tuercen el tono pop hacia algo casi amenazante, y hacia el final una línea de guitarra más abrasiva y metálica ensucia la cosa. Esa guitarra ácida que recuerda a The Jesus and Mary Chain de principios de los noventa reaparece a lo largo del disco: en «Get You Home», que podría salir de «Darklands», y en «Have a Shout», donde el fondo sintético evoca «Automatic» por encima de un riff de bajo logrado y un juego de voces que se responden.

El disco no se queda en una sola receta. «Hands All Up» es de lo más trabajado: un piano inestable y samples que se suman uno tras otro a medida que avanza, convirtiendo una aspereza inicial en algo más limpio. «A Single Chair» empuja hacia la pista de baile —hay un pulso electrónico que lanza golpes como si fuera una canción de guitarras— con un tratamiento vocal más onírico, el único corte donde la crítica se divide entre quienes lo oyen como balada y quienes lo oyen como disco. Y la titular, que sale por Merge, saca el lado más irreverente del grupo: línea de bajo con fuzz, actitud punk y un estribillo coreable en el que, además, coquetean con el francés.

Deseo, desconexión y hacer arte bajo el capitalismo

Debajo de los estribillos hay más de lo que parece. La banda ha descrito los temas del álbum como el deseo, la desconexión y las dificultades de hacer arte bajo el capitalismo. El carácter desafiante asoma en «Kiss It Goodbye», cuya letra se niega a aceptar lo que se impone desde fuera. «On the Island» es el corte más corto, por debajo de los tres minutos, y su entrega vocal melódica y casi robótica llama la atención aunque la letra cueste descifrar. Schwartz resumió la intención con una frase sencilla: quieren que la gente baile, piense y sienta a la vez. El disco cumple las tres sin forzar ninguna.

Dónde se nota la repetición

Lo que impide que «All Over You» supere a su propio catálogo es que la fórmula, por eficaz que sea, a veces se oye como fórmula. «Kiss It Goodbye» repite el esquema del tema de apertura con buenos resultados, pero es exactamente eso: el mismo molde. Alguna estructura se repite y algún corte se extiende más de lo que pide, y cuando la banda encuentra un gancho tiende a insistir en él sin salir —«Have a Shout» insiste sin parar sobre un ambiente playero que no necesitaba tanta vuelta. La propuesta no ha cambiado gran cosa desde discos anteriores; el mérito es que no se oye cansada.

El cierre justifica la confianza. «Bringing It Down» baja el tempo pero sube la distorsión de las guitarras, con Joey Holman añadiendo una guitarra extra, y sale del entorno eléctrico del disco de forma más suave; habla del paso de los años desde una determinación de seguir adelante, no desde la nostalgia, y Schwartz canta el tramo final con una intensidad que remata las mejores melodías y armonías del álbum.

Treinta años después del debut y repartidos por varias ciudades, Imperial Teen siguen siendo incapaces de dar con una mala canción cuando abrazan su lado pop: las armonías cruzadas, los sintetizadores ochenteros y la guitarra ácida de «Overdrive» o «Get You Home» funcionan igual de bien que hace décadas. Lo que los frena es que la fórmula se reconoce a sí misma —«Kiss It Goodbye» calcando la apertura, algún corte estirado de más—, y un disco así de curioso y colorido se queda a un paso de ampliar lo que ya hacían.

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