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beabadoobee – Pylon
8.0
Reseña de álbum

Pylon

por beabadoobee · 18 de septiembre de 2026
Puntuación8.0 / 10

Veredicto final

8.0

Pylon corrige el giro pop de This Is How Tomorrow Moves y devuelve al frente el emo y el hardcore que Laus siempre reivindicó, con guitarras saturadas y distorsión como materia. Lo mejor es cómo el contraste entre su voz cercana y una instrumentación hostil se vuelve recurso, con los invitados bien colocados: la voz grave de Brendan Yates y el cierre expansivo con Chino Moreno estiran las canciones a otra escala. Lo que falla es puntual: la fórmula pesado-suave se repite tanto que en las pistas menores se oye la costura, con distorsiones que irrumpen y desaparecen antes de tomar fuerza.

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El disco más crudo y pesado de beabadoobee, que corrige su giro pop y funciona mejor cuando el choque entre voz suave y guitarra abrasiva es recurso y no costumbre.

Por Abe Saca — 25 de septiembre de 2026

Los pilones de la carretera como excusa para hacer ruido

El cuarto disco de beabadoobee es lo más pesado que ha grabado, y eso importa porque el anterior fue en la dirección contraria. This Is How Tomorrow Moves (2024) lo produjo Rick Rubin, debutó en el número uno del Reino Unido y llegó tras telonear a Taylor Swift en el Eras Tour, lo que empujó ese disco hacia el pop. Pylon deshace ese giro: guitarras saturadas, distorsión al frente y una lista de invitados que anuncia hacia dónde mira ahora. Shane Moran, de Title Fight, coescribió ocho de las canciones; Laus ha nombrado EndSerenading de Mineral como su disco favorito. El emo de midwest y el hardcore que admira dejan de ser subtexto y se vuelven la materia.

El concepto viene de los pilones eléctricos que veía en la carretera durante la gira, que según ella le recordaban a sus seres queridos en casa. La canción titular arranca con risas distantes y líneas de arpa serenas antes de que un arreglo de cuerdas graves crezca y estalle en una avalancha de fuzz que raspa: la balada romántica que se vuelve pesada a mitad, plantando la mecánica que rige casi todo el álbum. «Sun Has Set» la ejecuta en su forma más directa, con un riff feroz y una voz que suena más cansada del destinatario que furiosa, y ese agotamiento corta más que un grito. Es Paramore temprano, y no por casualidad.

Cuando la voz suave y la guitarra abrasiva chocan

El truco central del disco es el contraste entre la voz cercana de Laus y una instrumentación cada vez más hostil, y funciona mejor cuanto más lo lleva al extremo. «Switchblade» es lo más logrado: guitarras torcidas y batería indolente de rock alternativo de mediados de los noventa, con la voz plana mientras los instrumentos se vuelven agresivos y un outro a gritos, sobre la confusión de la adultez temprana. «Write Me A Letter» —producida por Matty Healy y George Daniel de The 1975 junto a Laus y Jason Vance Harris— empieza quieta y muta en mall-punk a mitad de camino; Laus explicó que la canción nació de ver su propia culpa y admitir cosas que le daría vergüenza decir en voz alta, y la entrega ansiosa suena escrita antes de una conversación difícil.

Los invitados están bien colocados. Brendan Yates, de Turnstile, aparece en «Powerlines», donde su voz más grave cambia el carácter de la canción y la guitarra se vuelve más abrasiva conforme avanza: uno de los momentos altos. Hayley Williams canta en «Nothing To Prove», una canción de ruptura sin remordimientos con «la la la» escritos para el público, y aporta el peso que la letra —recuperar el poder ante amigos oportunistas— necesita. El cierre, «Satellite», con voces de fondo de Chino Moreno, es el tema más expansivo: producción post-grunge y una letra sobre pasar el día haciendo scroll y sentirse una obsesión generacional sin saber cómo manejarlo. Moreno la lanza a otra escala.

Donde el ruido se queda a medias

No todo el músculo cuadra. «Radio» tiene empuje en el riff pero el gancho repetido ofrece poco, y la melodía vocal no termina de encajar con la dureza del arreglo; es el punto más flojo de un disco que en otras pistas sí resuelve la tensión. «Despite That» dura minuto y medio y no le alcanza: la distorsión irrumpe y desaparece antes de que el pasaje quieto tome fuerza, y las voces susurradas quedan aplastadas. La fórmula pesado-suave se repite tantas veces que en las canciones menores se oye la costura en vez del efecto.

El respiro llega con «Memories», que Laus describió como la más feliz del álbum, ligada a sus años de adolescencia escribiendo sola: guitarras brillantes, batería firme y una melancolía escondida bajo el brillo. Es la más luminosa del conjunto y suena a una banda que sabe bajar las revoluciones sin perder el pulso.

Pylon es el disco más crudo y emocionalmente cargado de Laus, y lo mejor pasa cuando la distancia entre su voz y la guitarra se vuelve un recurso y no una costumbre: «Switchblade», «Powerlines», «Nothing To Prove». Corrige el giro pop de This Is How Tomorrow Moves apoyándose en las influencias emo que siempre reivindicó, y aunque dos o tres canciones se quedan en el gesto pesado sin la canción debajo, el conjunto suena a una decisión firme más que a una prueba.

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