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Westside Cowboy – It Goes On
7.5
Reseña de álbum

It Goes On

por Westside Cowboy · 23 de agosto de 2026
Puntuación7.5 / 10

Veredicto final

7.5

Un debut que se sostiene cuando toca fuerte y flaquea cuando baja al susurro. La energía en directo, el reparto de varias voces y una grabación sin pulir capturan una banda viva y segura de su ruido. Pero la balada despojada que ofrece como territorio nuevo depende demasiado del ambiente, y un par de canciones lentas aflojan un impulso que el resto del disco había ganado a pulso.

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Un debut que se suelta cuando toca fuerte y cede terreno cada vez que baja al susurro: la balada le sienta menos de lo que la banda cree.

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Por Abe Saca — 12 de septiembre de 2026

Del concurso de Glastonbury a Island: un debut sin ninguna canción de sus dos EPs previos

«It Goes On», debut de Westside Cowboy en Universal Island Records en 2026, celebra lo cotidiano con música de guitarra que empuja y luego se acobarda, y obtiene 7.5 puntos en una escala de diez. La banda llegó con crédito acumulado: ganó el concurso de talento emergente de Glastonbury en 2025, giró abriendo para Black Country, New Road y Geese, y dejó fuera del álbum las canciones de sus EPs previos. El problema que enfrenta un grupo así no es la energía —le sobra— sino qué hacer cuando la baja. Con varios miembros que cantan y una grabación que no pule los errores, el disco tenía que sostener la misma temperatura sin la coartada del volumen. Es ahí, en el tramo despojado, donde el material se afina menos de lo que la banda supone.

Loren Humphrey grabó en Leeds sin pulir errores y dejó la batería de Murphy al mando

Loren Humphrey grabó y mezcló el disco dejando la química en bruto: la batería de Paddy Murphy manda el sonido y en «Paperchains» arma una sección de ritmo tan enredada que se traga al resto de la banda hacia el final. Cuando el grupo toca rápido, eso funciona. «Kick Stones (The Boys)» crece desde una línea de guitarra pelada hasta un muro que zumba y gira, con la voz lánguida de Haycocks abriendo y la de O’Connell entrando más tarde a repetir una pregunta.

El reparto de varias voces es la carta distintiva y casi siempre paga. En «Pin Up Boys» Haycocks alcanza una rabia que golpea la cinta mientras O’Connell canta alejada del micrófono, con la señal crepitando bajo la presión, y ahí la banda se suelta sin freno. En «Worried Age» las voces en armonía tocan más rápido y más fuerte para atravesar el pánico, con el bombo activo empujando contra un tono cada vez más oscuro.

El límite aparece cuando la lógica se invierte. Aoife Anson O’Connell, que toca el bajo y canta, lleva la voz principal en «Coyote», y el resultado se queda corto: la canción avanza hacia un final desaliñado sin exprimir lo que su intro temblorosa promete. La grabación sin retoques, tan viva en los estruendos, deja ver que el liderazgo vocal reparte mejor la fuerza que la fragilidad.

Fútbol de base, inviernos del norte y préstamos de ‘Proud Mary’ para tapar la ansiedad de crecer

El disco escribe sobre lo pequeño para tapar lo grande: el fútbol de base sin glamour en «Kick Stones (The Boys)», un invierno del norte de Inglaterra en «Paperchains», ruedas del tiempo que giran en «Big Wheels». Es una celebración de lo mundano frente a la incertidumbre de crecer, y cuando la imagen es concreta la escritura respira. En «Well Done Kid, You Did It» Haycocks se habla a su yo más joven sobre el cambio y la resiliencia, con un motivo de aliento propio que brilla dentro del ruido.

El cierre, «You Could Have Died There On The Dancefloor», hace las paces con ese pánico: el grupo se reconoce imperfecto pero dispuesto a seguir, y le pide al oyente que lo mantenga cerca. Toda la misión del álbum cabe en esa última línea, y llega ganada.

El préstamo pesa cuando se nota. «Big Wheels» levanta versos de ‘Proud Mary’ y de ‘Knockin’ on Heaven’s Door’ de forma que suena a cita innecesaria más que a guiño con intención, y frena el impulso justo cuando el disco necesitaba seguir empujando.

Canciones clave

«Pin Up Boys» — Guitarras nudosas y post-punk aceleradas sobre las que Haycocks escupe consonantes contra la cinta y O’Connell teje una melodía de sirena que cierra en un estribillo ya coreado en directo. Se construye sin pausa y termina demasiado pronto, el mejor defecto posible. Es el momento donde la banda se desata del todo y donde el reparto de voces suma en vez de dispersar. Cuando el disco toca a este nivel, el revuelo que lo rodea se entiende sin discusión.

«Take My Leaving As I Love You» — Balada country reducida a guitarra acústica errática, la voz de Haycocks y un teclado apenas audible al fondo. La letra insiste en que nada bueno nace del confort y una línea sobre la incomodidad golpea fuerte. La vulnerabilidad es real, pero la guitarra suena casi no musical y la canción se sostiene por su ambiente antes que por la escritura. Sin el volumen que tapa, la apuesta a la desnudez convence a medias.

«Big Wheels» — Gira más lento tras el estruendo de «Worried Age»: arranca con un guiño a Dylan, frena el pulso y encuentra algo de Creedence a mitad de camino, anclado por una línea de bajo pesada. Como meditación existencial tiene ritmos placenteros, pero los versos prestados de dos clásicos ajenos se sienten como muletas. Es el punto exacto donde el impulso del álbum se afloja, y donde oímos menos de lo que celebra la mayoría de la crítica.

La banda domina el estruendo y todavía aprende a sostener el silencio

It Goes On tiene la ventaja de sonar a una banda tocando junta en un cuarto, con la batería de Murphy empujando y varias voces que se turnan sin pisarse. Cuando el volumen sube —«Kick Stones (The Boys)», «Worried Age», «Pin Up Boys»— el debut cumple lo que promete el revuelo que lo rodea.

El descuento aparece en el tramo lento. «Coyote» deja a O’Connell sin el marco que la sostiene y «Big Wheels» se apoya en citas ajenas para llenar un hueco de escritura. La balada, que el grupo ofrece como su dimensión nueva, todavía se sostiene sobre el ambiente cuando debería sostenerse sobre la canción. Queda una banda que sabe quién es a toda velocidad y aún aprende a serlo en silencio.

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Otra lectura: Don’t Eat The Yellow Snow, blog español de música independiente en activo desde 2012, calificó este disco con un 8.2.

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