Veredicto final
All That Is Over confirma a SPRINTS como una de las bandas más sólidas del presente. Su segundo álbum equilibra intensidad y matices, expandiendo su sonido sin perder identidad. Cada tema sostiene la cohesión del conjunto, y el resultado es un disco poderoso que consolida a la banda en el centro del rock contemporáneo.
Con su segundo disco, SPRINTS pulsan con rabia controlada, expandiendo su energía punk hacia rincones más oscuros y densos.
Introducción
Cuando una banda que ya opera bajo la presión del modelo del “segundo álbum” lanza un trabajo con ambición y coherencia, cabe prestar atención. SPRINTS, el cuarteto de Dublín que el año anterior cimentó expectativas mediante Letter to Self, llega el 26 de septiembre de 2025 con All That Is Over, un disco que no rehúye la urgencia ni las grietas de un presente convulso.
Así, el disco no es un adelanto o demo, sino un álbum plenamente lanzado en 2025, producido con el peso de expectativas, pero también con espacio para que la banda crezca, modifique arranques y explore sombras. A lo largo de esta reseña pasaremos por su sonido, letras, canciones clave y una conclusión que valora su alcance real en el panorama contemporáneo del rock alternativo.
Sonido y producción
All That Is Over articula su poder a través de un contraste entre la urgencia punk y una voluntad de densidad sonora. La producción confiada de Daniel Fox (el mismo productor del álbum debut) aparece como una especie de marco: nítido donde debe serlo, áspero cuando conviene, capaz de sustentar texturas que van desde el estruendo crudo hasta pasajes de deriva atmosférica.
La apertura con “Abandon” introduce esa tensión: un pulso rítmico mesurado, guitarras que apenas sugieren, con un crescendo que abre paso al impulso del resto. No es un arranque estridente, sino calculado: lo que sigue lo reclama con fuerza. La inclusión de recursos como el ebow en “To The Bone” evidencia el interés de la banda por texturas menos obvias.
Pero la puerta no está cerrada al golpe directo. En “Rage” y “Beg”, SPRINTS muestran músculo: líneas de guitarra más agresivas, batería marcada y coro que exige foco. Aquí la capa de producción no edulcora la furia: acompaña y la sostiene. En cortes como “Something’s Gonna Happen” se sienten las sombras góticas, ese filo de oscuridad que aparece cuando la urgencia se transforma en gravedad.
En conjunto, el álbum no opta por uniformidad. Hay momentos latiendo en calma tensa, momentos donde el muro se alza de golpe, y otros que se abren a lo contemplativo. Esa variación lo vuelve menos lineal y más orgánico: no da la impresión de ser una sucesión de “temas fuertes”, sino de un viaje con picos y respiros.
Letras y temas
A nivel temático, All That Is Over se da a la tarea de mirar el mundo con ojos insatisfechos. No es un disco de ira gratuita ni de demagogia fácil: muchas letras navegan entre lo personal y lo social, y lo hacen sin frases grandilocuentes sino con imágenes cortantes y reflexivas.
En “Descartes”, la canción que abrió camino con el primer sencillo, Karla Chubb se inspira en una línea de Rachel Cusk y reflexiona sobre la escritura como modo de supervivencia más que como mero desahogo. Esa tensión entre creación y urgencia es una de las claves ideológicas del disco.
En “Need” o “Desire”, la voz pone en primer plano la vulnerabilidad: las ganas, el anhelo, la incertidumbre que late detrás de la rápidez. En “Better”, la relación entre frustración, idealización y desengaño cobra fuerza; en ese sentido, el disco no es solo un grito hacia afuera, también es introspección. En “Something’s Gonna Happen”, la atmósfera pone en tensión la expectativa, el aguardar algo inminente o inevitable.
Las letras están atentas al desorden del afuera — la fatiga, la alienación, los falsos profetas— y al desorden del adentro —lo que se quebranta, lo que duele, lo que resta—. Pero no se queda en la erupción sin horizonte: estos temas dialogan con lo que permanece después de la tormenta, con la necesidad de decir y resistir.
Canciones clave
- “Descartes”: Es la columna vertebral ideológica del álbum: mezcla reflexión con urgencia. La canción se sostiene en un riff punzante, el estribillo empuja con fuerza y la letra articula cómo la creación —la escritura, la música— puede ser elemento de supervivencia en un contexto hostil.
- “Rage”: Aquí la furia se vuelve directa. La canción no se anda por las ramas: guitarras tensas, batería que exige postura, coro que carga y función movilizadora. La intensidad se modula y tensiona, evitando simplificaciones.
- “Better”: Contrapunto melódico dentro del conjunto, “Better” abre una fisura más luminosa. No se rebaja el tono, pero el grupo permite un respiro de melodía y densidad contenida. Aquí la producción muestra su lado más sobrio y la voz asume carga emocional con contención.
Conclusión
All That Is Over representa un paso firme para SPRINTS: no es solo un intento de reafirmarse tras un debut exitoso, sino de evolucionar su propuesta sin perder su pulso. Hay ambición en cada elección sonora: composiciones que retan, momentos de silencio dramático, concesiones melódicas que no traicionan la energía del trazo más ruidoso.
La producción de Daniel Fox consigue equilibrio: no suaviza ni embellece en exceso, pero tampoco deja al disco en crudo sin pulido. Esa tensión —entre lo áspero y lo medido— es en buena medida lo que da vida al disco: hay espacio para que los arranques golpeen, pero también para que las sombras respiren.
Líricamente, SPRINTS se obliga a mirar afuera con ojos críticos y hacia adentro con honestidad. No busca arengar ingenieros de cambio, pero sí invitar a la reflexión desde el trazo íntimo y el grito colectivo. En ese contraste está el valor del disco: que puede conjugar lo grande y lo personal sin fisuras.
No todos los cortes funcionan con igual potencia; quizá algunos temas se quedan más en el esbozo que en el estallido, y en ocasiones la transición entre lo atmosférico y lo urgente se siente menos fluida de lo que pretende. Pero esas fisuras no quitan que All That Is Over sea un álbum que invita múltiples escuchas, que abre grietas en expectativas del rock contemporáneo y que reafirma a SPRINTS como banda que no teme tensionar su sonido, sus ideas y su energía.
En el contexto de 2025, con saturación de lanzamientos y promesas vacías, este disco destaca por su coherencia interna, su brutalismo meditado y su voluntad de no descansar en fórmulas seguras.





