
Veredicto final
El segundo de Paloma saca la mirada del diario íntimo del debut y la apunta al tapiz de arena: arte visual, mitos griegos y patriarcado tratados con una escala que su primer disco no se permitía. Cuando despoja la producción y deja la voz sola, es imbatible. Cuando la ambición manda sobre la canción, algunas piezas se quedan atrapadas explicándose. Un salto real, aunque no todo el que promete.
Paloma sale del diario íntimo hacia el tapiz de arena, y en el camino gana escala pero deja tres o cuatro canciones atrapadas en su propia referencia.
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Por Abe Saca — 14 de septiembre de 2026
El disco invierte la mirada interior del debut y busca canciones para muros y tapices, no para diarios
«The Fatal Flaw», segundo álbum de Paris Paloma editado por Nettwerk en 2026, agranda todo lo que su debut de 2024 hacía en voz baja y obtiene 7.5 puntos en una escala de diez. Aquel primer disco era una mirada hacia adentro; este lo da vuelta y apunta a lo grande. La propia Paloma lo dijo: quería canciones para muros, tapices y pinturas pesadas, no para diarios. Ahí está el desafío que enfrenta. Cuando un sencillo viral te vuelve una de las voces de tu generación, el disco siguiente puede aplastarse bajo su ambición o convertir cada tema en una lección ilustrada. Paloma casi siempre esquiva las dos trampas: el arte y el mito son materia emocional, no decorado. Pero cuando la referencia pesa más que la canción, el disco se detiene a explicarse, y algunas piezas pagan ese precio.
Tres crecidas cinematográficas seguidas empiezan a parecerse entre sí
El disco arranca donde uno menos lo espera. «Miyazaki» abre frenética, con voces retocadas y ritmos electrónicos que recuerdan el tratamiento vocal de Caroline Polachek, y una voz dulce que no delata el peso de lo que dice. Es la puerta de entrada más ancha del álbum, y desde ahí Paloma extiende el mundo del debut: cuerdas que crecen, tambores de fanfarria, corales que rodean la voz. «Rothko» se construye despacio y revienta en percusión ceremonial; «Bleeding Part of Me» pasa del folk al rock barroco a veces dentro del mismo compás, con tambores que suenan a guerra y un puente de voces susurradas alrededor de la narradora.
Cuando la producción se despoja, gana. «get her the fucking flowers» se sostiene apenas con guitarra y piano, y la voz queda al centro sin los recursos viscerales del resto. «Pre-Raphaelite» se juega el clavicémbalo y unas cuerdas inquietantes que alternan con ritmos electrónicos en sincronía, uno de los saltos estilísticos más arriesgados del disco. El problema aparece cuando la grandiosidad se vuelve rutina: entre «Rothko», «Bleeding Part of Me» y «Stem the Flow», tres crecidas cinematográficas seguidas empiezan a parecerse, y la maniobra del pico que sube y baja pierde el efecto que tenía la primera vez.
El recorrido del arte como emoción abre en «Rothko» y se desanuda en la canción final
El eje es el arte como forma de sentir, y de no poder sentir. «Rothko» describe estar frente a un cuadro sin la respuesta emocional que otros dicen tener, y lo enlaza con la incapacidad de amar. El disco cierra ese recorrido cuarenta minutos después: «I Cry in Front of Paintings» desanuda ese bloqueo. Empieza con la voz sola y va sumando instrumentos de a uno hasta rematar en un arpa en cascada y coros angelicales. Es la única paz de un álbum lleno de conflicto, y funciona porque el conflicto vino antes.
El resto reparte referencias con criterio desigual. «Good Girl» y «Good Boy» arman una pareja sobre la mercantilización de los cuerpos y el patriarcado enredado con el capitalismo; el segundo lo introduce Emma Thompson. «Silhouette on the Hill» es una balada de venganza que recoge la maldición de una vieja canción de Fleetwood Mac y funciona sola. El caso opuesto es «Pyrrhus (you go where I cannot)»: la voz materna del hijo de Aquiles como alegoría de la radicalización masculina es la idea más ambiciosa del disco, pero su densidad inicial exige demasiado antes de entregar algo, y no todos van a quedarse.
Canciones clave
«Miyazaki» — El prólogo perfecto: instala el arte como lenguaje del disco y la resistencia a la IA generativa como bandera. Nombra a «Miyazaki» porque su estilo fue de los primeros imitados por algoritmos. El arranque es eléctrico, con voces troceadas y ritmos coloridos que chocan contra una letra oscura sobre el trabajo creativo no pago. La contradicción entre la voz dulce y el peso del tema es el tipo de decisión que sostiene lo mejor del álbum.
«get her the fucking flowers» — Único título en minúsculas y con la única palabrota del tracklist, un contraste tipográfico que refleja la tensión entre sumisión y agresión. La producción es la más despojada, apenas guitarra y piano, y ahí la balada disfrazada se abre en una crítica de los gestos románticos vacíos. Paloma golpea sin orquesta detrás, y al lado de ella el resto del disco delata cuánto depende de la escala grande.
«Pyrrhus (you go where I cannot)» — La más celebrada por otros y donde más oímos el límite. La madre de Pirro pregunta cómo su hijo se volvió capaz de tanta violencia, mito homérico leído como manosfera contemporáneo. La producción minimalista da espacio a la emoción, pero la densidad de las primeras escuchas levanta un muro: la especificidad que muchos llaman central corre el riesgo de dejar la canción varada en la referencia antes de que respire como canción.
Un salto real desde el debut, pero no el gran paso que muchos firmaron
Hay un disco enorme acá, y la mayoría de las veces Paloma lo controla. El recorrido que abre «Rothko» y cierra «I Cry in Front of Paintings» es la estructura más lograda de su corta carrera, y «get her the fucking flowers» muestra que sabe cuándo callar la orquesta.
Lo que nos separa del entusiasmo casi unánime es la sensación de que la ambición a veces manda sobre la canción. «Pyrrhus (you go where I cannot)» pide más de lo que da en la primera vuelta, y tres crecidas cinematográficas seguidas se confunden entre sí. No es el gran salto que muchos firman, pero sí el disco de alguien que ya no escribe para el diario. Aquiles tuvo su talón; este álbum tiene su exceso, y casi siempre lo lleva bien.






