Cada fase en la carrera de Alex Turner superó a la anterior. Estos cuatro discos muestran cómo su sonido, imagen y forma de contar historias cambiaron.
2006 – Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not
El debut de Arctic Monkeys mostró a un Alex Turner que es observador, irónico y directo. Las canciones mostraban situaciones cotidianas: colas para entrar a bares, taxis por la mañana, relaciones pasajeras. Musicalmente, el álbum tenía riffs rápidos y una producción sencilla, con claras influencias del garage británico. La estética era sencilla, casi sin estilo, y Turner aún no era una persona compleja: era un joven de Sheffield describiendo lo que veía con claridad, un fuerte acento y mucho sarcasmo.
El disco no solo fue el primer álbum de la banda, sino que mostró de manera exacta la vida diaria, el lenguaje y las preocupaciones de una joven generación británica que no se sentía representada en el rock de esa época. Fue rápido, claro y de una generación, sin necesidad de cosas innecesarias.
2009 – Humbug
Tres años después, el cambio se notó claramente. En Humbug, producido por Josh Homme, la banda adoptó un sonido más oscuro y denso. Turner comenzó a escribir letras más abstractas, menos relacionadas con lo cotidiano. Su imagen también se transformó: pasó de ser el chico del barrio a convertirse en un músico reflexivo con una visión más amplia. Esta fase significó el final del realismo directo que caracterizó su inicio.
2016 – Everything You’ve Come to Expect
Con The Last Shadow Puppets, Turner mostró su lado más artístico. Cuerdas, trajes bien cuidados, presentaciones elegantes y letras profundas caracterizaron esta etapa. Everything You’ve Come to Expect fue un álbum que rediseñó tanto su forma como su contenido. En él, el sonido, la imagen y la presentación crearon un personaje menos cercano, más centrado en el estilo.
2022 – The Car
The Car llevó esa búsqueda al máximo. El álbum mejora el estilo comenzado en Tranquility Base Hotel & Casino, pero deja de lado cualquier sentido de urgencia. Las canciones son más lentas, más confusas y tienen estructuras de historia inusuales. Turner ya no canta sobre personajes o situaciones específicas, sino sobre ideas generales y ambientes imprecisos. En cuanto al sonido, la producción se siente casi como una película: hay cuerdas de orquesta, pausas largas y un estilo que recuerda al pop elegante de los años setenta.
Visualmente, todo está muy bien cuidado: ropa, portadas, videos y escenografía. Arctic Monkeys pasa a un segundo plano. Lo que predomina es la idea que Turner ha creado sobre sí mismo. Aunque es un tema polémico, The Car cierra de manera clara el proceso de cambio que lo llevó de ser un joven cronista a convertirse en un narrador abstracto y el máximo controlador de su propuesta artística.
La carrera de Alex Turner no ha sido sencilla ni siempre constante. Cada disco ha sido como una nueva etapa visual y de narración, dejando atrás versiones pasadas de él mismo. A diferencia de otros cantantes principales que se apegan a una fórmula, Turner ha optado por incomodar, transformarse y seguir un camino donde la identidad se crea a partir del riesgo. Para entender su discografía, no solo hay que escucharla: también hay que observar cómo ha decidido mostrarse en cada etapa.
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