El cuarteto dublinés Sprints acaba de lanzar su esperado segundo álbum, All That Is Over, a través de City Slang y Sub Pop. El disco llega como continuación de su debut de 2024, pero no es simplemente un paso más: es un documento de transformación que captura tanto el vértigo de una vida en carretera como la necesidad de encontrar un nuevo centro de gravedad.
Un proceso marcado por el movimiento constante
Tal como contaron en entrevista con DIY Mag, la gestación de All That Is Over no se dio en estudios controlados ni en retiros prolongados, sino en los márgenes de su intensa gira. Ideas y riffs aparecían en camerinos, en viajes de autobús o durante pruebas de sonido, hasta convertirse en demos que fueron tomando forma colectiva.
La vocalista Karla Chubb admite que parte del material surgió casi como un desahogo necesario frente al cansancio acumulado, una manera de no detener la maquinaria creativa aunque el calendario no dejara respiro.
Esa urgencia se siente en piezas como “Desire”, que nació de una nota de voz extensa y terminó convirtiéndose en una de las canciones más largas y expansivas del disco. Para Chubb, recortar esa idea habría sido traicionar la esencia del proyecto: dejar que la catarsis se exprese sin limitaciones.
Entre lo íntimo y lo colectivo
El título del álbum juega con una dualidad: All That Is Over puede leerse como cierre y como inicio, como aquello que termina y lo que inevitablemente llega después. Chubb reconoce que esa ambigüedad refleja tanto procesos personales —como la ruptura de una relación de largo plazo y la salida de un miembro original de la banda— como la lectura de un presente social complejo, atravesado por tensiones políticas y desigualdades que también se filtran en las letras.
La banda no pretende esconder esas capas: para Sprints, la música es un espacio de confrontación y también de refugio. “Nuestros conciertos son, para muchos, un lugar seguro”, comenta Chubb en la entrevista, subrayando el papel de la comunidad en tiempos de polarización.
El sonido de un espacio embrujado
La grabación se realizó en una mansión francesa del siglo XIX, un entorno que los miembros describen como casi fantasmagórico. Ese aislamiento les permitió sumergirse en la atmósfera del disco, compartiendo no solo sesiones de estudio sino también la convivencia diaria que marcó las dinámicas del grupo. El resultado es un álbum con contrastes deliberados: pasajes de calma tensa que se rompen en ráfagas de noise-rock, texturas abrasivas que se entrelazan con momentos de vulnerabilidad.
Para Sprints, no había interés en suavizar el filo de su sonido. Si el mundo se desordena, el arte debe reflejar esa intensidad. Así lo entienden ellos, y así lo han plasmado en un disco que es más crudo, más directo y, al mismo tiempo, más ambicioso que su debut.
Lo que dice este lanzamiento de su presente
All That Is Over no llega como una continuación automática de lo anterior, sino como una reafirmación. En un escenario donde muchas bandas enfrentan la presión de replicar la fórmula que les funcionó, Sprints eligió la vía opuesta: arriesgar, expandirse y dejar que las canciones crezcan hasta donde deban crecer.
Ya lo hemos señalado en nuestra propia reseña en Indietheka: el álbum logra transformar el agotamiento y la presión en una obra que vibra con honestidad y convicción. Lejos de colapsar ante el ritmo frenético de su carrera, Sprints encuentra en All That Is Over un nuevo inicio que, más que cerrar un ciclo, abre uno mucho más ambicioso.





